Esperar y esperar. No ver llegar nada y seguir esperando. Desear la llegada de un “algo” que remplazará los dolores por sonrisas y las penas por alegrías. Y no ver llegar, jamás es lo que provoca la tristeza. La soledad se apodera de los momentos más bonitos y provoca simple monotonía. El corazón y la razón se separan, y el estar entre los dos extremos es lo que hace dudar. Llega un momento en el que no se sabe qué camino seguir y poco después de haberse decantado por el corazón o la razón, uno se siente culpable por no haber tomado la decisión apropiada. La duda domina los sentimientos y el miedo a caer vence cualquier obstáculo. La obstinación, el obtener ese fin, ese ideal irreal, es tan perseverante que llega un momento en el que la cabeza no se asiente y las lagrimas sucumben al dolor. Soledad, tristeza, melancolía, monotonía, silencio.
Lidia.